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lunes, 2 de enero de 2012

Carta del Secretario General a la militancia del PCE

José L. Centella Gómez, Secretario General / 02 ene 12

Camaradas:

En el año 2011, la campaña contra la crisis, la lucha contra las medidas antisociales del gobierno, el avance del movimiento republicano, la necesidad de exigir justicia, verdad y reparación en relación con las víctimas del franquismo, las movilizaciones de lo que se ha llamado 15 M y las elecciones municipales, autonómicas y generales, han centrado nuestra actividad. Ha sido un año duro pero tenemos que reconocer que en estos retos el Partido ha sabido estar a la altura de unas circunstancias difíciles, por lo que hoy podemos presentar un buen balance del trabajo realizado. La presencia del Partido en todo tipo de movilizaciones nos ha dado credibilidad y prestigio entre los sectores que hoy luchan contra las políticas neoliberales que tratan de aprovechar la crisis para una refundación del capitalismo y entre quienes exigen más democracia ya. Por otra parte, los resultados electorales de IU nos permiten tener una mayor proyección institucional y hacer que nuestras propuestas tengan una mayor posibilidad de hacerse visibles. Por todo ello reitero la felicitación que el último Comité Federal hizo extensiva a toda la militancia del PCE.



Hemos situado al PCE en el terreno de la política, ahora se trata de avanzar también en la consolidación de la organización, en desarrollar los acuerdos del XVIII Congreso. Para ello, durante este 2012 debemos priorizar las tareas relacionadas con la reconstrucción de las estructuras territoriales y sectoriales del Partido, especialmente las de base, para que así pueda ser más eficaz nuestro trabajo. Tenemos que tener muy presente que 2012 va a ser un año en el que se endurecerá la confrontación capital-trabajo, vamos a sufrir la ofensiva del capital para acentuar la salida antisocial de la crisis, veremos cómo la lucha de clases se nos presenta en estado puro, cómo el capital va a intentar una nueva vuelta de tuerca en disminución de derechos sociales, en recortes de los restos de las conquistas laborales y sociales conseguidas durante años de luchas obreras, y también cómo se plantearán más retrocesos democráticos que acaben por vaciar de contenido o anular directamente las partes positivas que tenía la Constitución del 78 y todo ello con el fin de imponer un nuevo sistema social, laboral e institucional que haga más fácil implementar las políticas ultraliberales y asegurar así el dominio de las fuerzas del capital sobre las del trabajo. Para enfrentar esta ofensiva necesitamos de un Partido mejor estructurado y organizado.

No debemos olvidar que el capital está tratando de conseguir sus objetivos desde el apoyo y con el consenso de amplias masas de trabajadoras y trabajadores a los que ha conseguido convencer de que son necesarios sacrificios colectivos para salvar la economía. Se intenta convencer a la mayoría de la población de que lo importante es asegurar una acumulación de capital en manos de la banca y el gran capital como mejor camino hacia la creación de empleo, por ello, la lucha de en el terreno de las ideas es algo tan importante como la lucha social y la movilización de la calle.

Tenemos que ser capaces de explicar la verdaderas causas de la crisis, explicar que no es verdad que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que la realidad es que una minoría se ha llevado los beneficios del trabajo de la mayoría de la ciudadanía y que ahora, cuando ha malgastado estos beneficios, quieren seguir acumulando capital a costa del sacrificio de esa misma ciudadanía a la que han llevado a la crisis. Tenemos que ser capaces de explicar cómo es el propio sistema el que genera esta crisis y que por tanto es necesaria su sustitución por otro sistema que permita una vida justa, solidaria con la plena realización del ser humano, es decir conseguir ganar la hegemonía ideológica del socialismo frente al capitalismo. Tenemos que ser capaces de demostrar cómo no es justo pedir sacrificios a quienes no han provocado la crisis, sino exigir reparación a quienes son responsables directos de la misma y además ser conscientes de que sin cambios estructurales no habrá una salida social a la crisis, salida que no sólo es posible, sino que es la única que puede garantizar un futuro democrático y digno para la mayoría de la población.

En esta confrontación de clase, los métodos deben ser los más avanzados posibles, los más abiertos posibles, pero sin olvidar que el objetivo de nuestra lucha seguirá siendo la necesidad de alcanzar la hegemonía de las ideas de solidaridad y justicia social, frente al individualismo insolidario que sustenta al capital, ganar la batalla a los medios de comunicación que intentan alienar a la mayoría de la población para que aplauda las políticas que benefician al capital como si fueran en beneficio propio.

Por lo tanto no se trata sólo de ganar espacio en la movilización, de repetir con acierto que es la hora de la calle, se trata, al mismo tiempo, de avanzar en la alternativa teórica, de modelo de sociedad y de organización que se necesita para mejorar nuestra capacidad lucha en la perspectiva de la transformación social. Por ello el Comité Federal ha convocado para junio la Conferencia Política del Partido, Conferencia que debe ser un acontecimiento importante en la que deberemos discutir en profundidad, de forma clara y abierta cómo actualizar, concretar y desarrollar los acuerdos Congresuales que nos permitan construir el PCE que se necesita en estos momentos de tiempos difíciles, un PCE activo, visible y organizado, con la voluntad de no querer ocupar el espacio que abandona la socialdemocracia ni situarse en el sectarismo autocomplaciente que nos aísla y margina porque sabe que sólo desde la más amplia convergencia social y política se refuerza y fortalece.

Este año será también el de la X Asamblea Federal de IU. Los/as comunistas debemos contribuir a su éxito desde el desarrollo de los acuerdos de la IX Asamblea, concretando y avanzando en la propuesta política y en su proceso de Refundación para ampliar las alianzas desde la política, nunca desde el reparto de espacios de poder interno o externo. Una Asamblea que nos permita avanzar en la construcción del bloque social y alternativo que hoy se necesita para derrotar las políticas de ajuste, para fortalecer a una Izquierda Unida en la que el PCE se sitúa como una fuerza más, repetimos de nuevo, sin ninguna pretensión totalizadora pero en la que tampoco admitirá ningún tipo de marginación.

Al mismo tiempo tenemos que seguir avanzando en la consolidación del movimiento republicano como una alternativa real que gana cada vez más peso entre la juventud. Para ello debemos conseguir que el encuentro republicano que se celebrará en Madrid el próximo 21 de Enero marque el nacimiento de una nueva etapa hacia la III República en la que el Partido no tiene ningún interés de capitalizar nada sino de ser parte activa para que el proceso constituyente, que ya esta realizándose, no sea ganado por la derecha social y política que necesita a la monarquía como garantía del mantenimiento de sus privilegios, sino las fuerzas de izquierdas anticapitalistas, republicanas y federales construyendo la III República española.

En definitiva nos espera un año todavía más duro que el acabamos de terminar, pero también será un año de consolidación de avances, de recuperación de la ilusión en la posibilidad de ganar la batalla de una salida social, anticapitalista y democrática a la crisis.

A todo ello convocamos a la militancia del PCE, al fortalecimiento del Partido, a desarrollar nuestra política de alianzas, a trabajar en el sindicalismo de clase sociopolítico, a demostrar que estamos en condiciones de construir el socialismo en este Siglo XXI.

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jueves, 16 de septiembre de 2010

"Indignación: huelga general el 29-S", artículo de Enrique Javier Gutiérrez, militante del PCE-León

Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Universidad de León


Este verano me comentaban viejos sindicalistas de la zona del Bierzo que estaban indignados. Indignados por los recortes de derechos y protección social que estaba llevando a cabo un gobierno socialdemócrata. Recordaban con amargura cómo ellos habían luchado durante muchos años para conseguir arrancar unos mínimos derechos para la clase trabajadora, que ahora se estaban tirando a la basura. Relataban cómo habían tenido que hacer huelgas, encierros, manifestaciones, incluso huelgas de hambre , para obtener cada una de las conquistas sociales que había supuesto las 37 horas semanales, unos salarios dignos, la cobertura en caso de desempleo, la negociación de convenios colectivos, servicios sociales públicos, etc. Cómo todo esto se estaba desmantelando en pocos meses, con una impunidad increíble a manos de los que se proclamaban como defensores de la clase trabajadora. Y encima, utilizando el discurso de que «era por su propio bien», que en el futuro lo agradeceríamos.

Esta indignación de los viejos luchadores, es la que tiene que recorrer a toda la clase trabajadora para salir el 29 de septiembre a la calle contra el desmantelamiento del Estado social. Porque estas reformas sólo hacen que profundizar, aprovechando la excusa de la crisis, un modelo neoliberal capitalista voraz que en su esencia conlleva el enriquecimiento inmoral de unos pocos, a costa de la mayoría. Los hechos así lo demuestran.

Como explica el reputado catedrático Vincenç Navarro, la participación de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional en el promedio de los países de la UE-15 ha ido descendiendo desde principios del establecimiento de la Unión hasta hoy, bajando del 69% al 56%, y es todavía más acusado en España. Es decir, la clase trabajadora cada vez gana menos, cada vez se lleva menos del reparto de la tarta. Esto ha ido acompañado de un aumento del desempleo y de un deterioro de las condiciones de trabajo. Por si esto no fuera suficiente, la protección social se ha ido deteriorando. La tasa de crecimiento del gasto público social ha ido descendiendo en el promedio de la UE-15 y España ha permanecido en la cola, siendo el país con el gasto público social por habitante más bajo. Además ha habido una disminución alarmante de los derechos laborales en los países de la UE-15. Mientras , se ha producido un enorme incremento de los beneficios empresariales: un 42,3% en la zona euro entre 1999-2008, mientras que los costes laborales aumentaron sólo un 17%. En España, las mayores empresas españolas vieron aumentar sus beneficios netos un 73%, mientras que los costes laborales aumentaron durante el mismo periodo un 3,7%.

Estos datos son argumentos suficientes para la indignación y la movilización ante unas políticas del PSOE que quieren que paguemos todos una crisis que no hemos creado .

La huelga general es un derecho democrático y constitucional y el único instrumento colectivo que tenemos la ciudadanía para responder a este ataque. Porque si la huelga general es un éxito el gobierno tendrá que rectificar su política inmediatamente. Así ocurrió, por cierto, en las últimas huelgas generales, y así debiera ocurrir ahora.

Es necesario ir a la huelga para decir no a la reforma laboral que facilita, abarata y subvenciona el despido al empresario, que debilita la negociación colectiva, dando más poder al empresario para modificar los Acuerdos unilateralmente, que condena a los jóvenes a la temporalidad, que da competencias propias del Servicio Público de Empleo a las ETT y que quiere que los sindicatos tengan una figura irrelevante en los centros de trabajo y en la sociedad.

Es necesario ir a la huelga para decir no a la reforma del sistema público de pensiones que pretende ampliar la edad legal de jubilación a los 67 años y ampliar de 15 a 20 años el tiempo para calcular la pensión, perjudicando aún más a los jóvenes y las mujeres con contratos precarios, parciales y temporales. Que bajará las pensiones y aumentará el periodo mínimo de cotización para acceder a una pensión contributiva.

Es necesario ir a la huelga para decir no a la reforma del sector financiero que está privatizando las cajas de ahorro dando entrada al capital privado y debilitando el control público y democrático de las cajas.

Es necesario ir a la huelga para decir no al plan de ajuste del gasto público que supone la congelación de las pensiones, el recorte salarial de los empleados públicos, la reducción de la inversión pública estatal en 6.000 millones de euros y recortes en la contratación del personal de los servicios públicos en educación y sanidad principalmente.

Es necesario ir a la huelga para decir no a la subida de impuestos indirectos como el IVA que hace que suban todas las facturas y tengamos que pagar todos por igual, los ricos y los pobres.

Es necesario ir a la huelga para decir no a la sospecha infundada del gobierno sobre las personas paradas, reduciendo de 100 a 30 días el tiempo en el que una persona parada puede rechazar cursos de formación bajo la amenaza de una sanción. Es una estrategia de calificar de fraudulentos a los desempleados, como si la gente estuviera en el paro por gusto y de manera voluntaria.

Es necesario ir a la huelga para derrotar estas políticas injustas, regresivas, insolidarias y antisociales. Porque si cedemos en esto, se abre la puerta para continuar con más ajustes y recortes en las pensiones, sanidad, educación, servicios sociales, etcétera.

Porque la crisis y las políticas que se están llevando a cabo con su excusa se deben, como explica Vincenç Navarro, no a los mercados financieros, sino al desarrollo de las políticas neoliberales, promovidas por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Consejo Europeo, controlado este último por las derechas (cristiano-demócratas y liberales), con la sumisión de los partidos socialdemócratas gobernantes que han abandonado elementos claves de la tradición socialdemócrata para convertirse en partidos socioliberales. Estas políticas han consistido en la desregulación de los mercados laborales, la reducción de la protección social, la reducción de los impuestos (determinante del crecimiento de la deuda pública en todos estos países), el aumento de su regresividad, las privatizaciones de los servicios del Estado del bienestar, y la reducción de los beneficios laborales y sociales.

De ahí que sea fundamental que exista una protesta masiva el día 29 de septiembre, a nivel europeo y a nivel español, para iniciar un proceso de reversión de tales políticas, no por un cambio político en el que ganen las derechas que empeoraría todavía más la situación, sino por un cambio muy sustancial a la izquierda en las políticas de los gobiernos, que no ocurrirá a no ser que haya una protesta generalizada en contra de dichas políticas.

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martes, 14 de septiembre de 2010

José Manuel Mariscal: Carta a la militancia del Partido Comunista de Andalucía

Querida Camarada, Querido Camarada,

La militancia comunista tiene en este curso político una oportunidad enorme para hacer valer el mandato congresual de Partido Activo, Visible y Organizado. La ofensiva desatada contra lo poco que quedaba de la sociedad del trabajo en nuestro país conlleva un necesario fortalecimiento de nuestra organización. Un partido como el nuestro, que aspira a defender mejor que nadie los intereses de la clase trabajadora en medio de un panorama mediatizado por discursos que nos pretenden convencer de que no hay alternativa posible.

El próximo 29 de septiembre está convocada una Huelga General. Y lo que está ese día en juego no es la legitimidad de las grandes centrales sindicales, aunque el PP y la derecha mediática comiencen a cuestionar el derecho de huelga, con veladas alusiones, incluso, a una reforma constitucional que institucionalice la individualización de las relaciones laborales que ya provoca esta reforma. Lo que está en juego es la capacidad que la clase trabajadora tiene de situarse al frente de un programa reivindicativo que incluya las necesidades de otros segmentos de la sociedad también afectados por la ofensiva neoliberal. Tomar de nuevo la calle para acumular fuerzas, movilizar mediante la palabra y el convencimiento, politizar al máximo la huelga. Esas son las tareas que ya estamos llevando a cabo, desde cada militante, cada Agrupación, cada territorio.

Si los sindicatos tienen la capacidad de frenar la actividad de lo principales sectores productivos, desde el Partido y desde IU tenemos la capacidad de hacer valer nuestra implantación en los territorios para pararlo el día 29. Por eso os animamos a continuar el trabajo de base que ya estáis practicando, barrio a barrio, pueblo a pueblo.

Además, antes del día 29, tenemos una importante cita con el evento político más importante que anualmente celebra el PCE. El próximo fin de semana es la Fiesta, que vuelve a Madrid. Los y las camaradas andaluces estuvimos a un enorme nivel en la movilización convocada por IU en Madrid el pasado 27 de junio. Y el próximo sábado 18 de septiembre debemos anotar en nuestra agenda: “Madrid, Fiesta del PCE”. El acto homenaje a Miguel Hernández, el debate con los secretarios generales de CCOO y UGT o el mitin central deben contar con nuestra presencia. Para ello se están habilitando autobuses desde tu Comité Provincial. Si un objetivo tiene esta carta es tratar de convencerte de que subas a ellos y contribuyas con tu presencia al éxito de la Fiesta, a 10 días de la Huelga General. Encontrarnos con el resto de la militancia del PCE contribuirá, sin duda, a aumentar la moral de nuestra militancia de cara al curso político que se nos avecina.

Un curso que desembocará en las elecciones municipales, en las que IU debe recoger los frutos de años de trabajo al servicio de la ciudadanía, la democracia y el trabajo. Pero antes de que acabe 2010 nos encontraremos con los presupuestos generales del Estado y los de la Junta y ahí hallaremos la concreción de unos recortes que van a seguir afectando a nuestra vida y pretenden seguir atentando contra los derechos conseguidos a través de años de lucha. Entonces será el momento de continuar la movilización social, contra dichos recortes, por una fiscalidad que afecte a los que nos han traído la crisis, por una reducción de la edad de jubilación, por el empleo público, por la banca pública.

Por lo tanto, esta carta es para saludar tu trabajo y tu entrega y para animarte a continuar por la senda que lleva al fortalecimiento organizativo de nuestro partido, la mejor garantía para defender los intereses de nuestros pueblos y nuestros trabajadores y trabajadoras, de nuestros jóvenes y de su futuro, de nuestros mayores y la dignificación de su existencia tras años de lucha y entrega.

Nos vemos en la Fiesta del PCE, en los piquetes, en las asambleas y actos que el PCE e IU están realizando, en la calle.

¡Viva la Fiesta del PCE! ¡Viva la Huelga General! Salud.

José Manuel Mariscal, Secretario General PCA.


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miércoles, 3 de febrero de 2010

La izquierda frente a la bancarrota capitalista, por María Puig Barrios

María Puig Barrios, Secretaria General del Partido Comunista de Canarias / 02 feb 10


“El dinero dominaba las leyes, la política, las costumbres… Llegar per fas et nefas (por lo justo y lo injusto) al paraíso terrenal del lujo y del goce vanidoso, petrificar el corazón y mortificar el cuerpo para obtener bienes pasajeros, como se sufría, antaño, el martirio de la vida para conseguir bienes eternos, es el pensamiento general. Pensamiento escrito, además, en todas partes, hasta en las leyes que preguntan al legislador: ¿Qué pagas? En lugar de decirle ¿Qué piensas? Cuando esta doctrina haya pasado de la burguesía al pueblo ¿Qué será del país?”

Esto lo escribía Balzac, en su obra “Eugenia Grandet” en 1833. ¿Y que pasaba en 1833 en la vida política? Reinaba Luis-Felipe, de la familia Borbón-Orleans, pero Borbón, al fin y al cabo, al ser Luis-Felipe hijo del primo de Luis XVI. Fracasaban las doctrinas y los partidos revolucionarios. Una parte de la burguesía se volvía poderosa, devorándolo todo. El capitalismo moderno estaba en período de gestación.

Pero la prosperidad que sostiene la fuerza del régimen durante un tiempo, desaparece. El encarecimiento de los productos de primera necesidad había disminuido el poder de compra de las masas, los obreros veían disminuir sus salarios, mientras el precio del pan subía con rapidez, los stocks se acumulaban, la crisis financiera impedía que los industriales consiguieran los créditos que necesitaban. Hubo miles de bancarrotas (la bancarrota tenía, como tiene ahora, mucho de quiebra fraudulenta) y más de un millón de parados. ¿Les suena a actualidad?

Ocurría, sin embargo, en la primera mitad del siglo diecinueve, “el pasado” como dicen despectivamente aquellos que se empeñan en contraponerlo a “lo nuevo”, eso nuevo que lleva el sello de “no ideológico”, y que parte de la nada para llegar a ninguna parte, la mejor forma de terminar siendo un adepto del pensamiento único, dice un amigo africano, convencido de que el capitalismo ha perfeccionado sus medios y maneras, que la izquierda se ha debilitado, acomplejado, replegado, pero que no hay nada nuevo bajo el sol.

En el siglo diecinueve, la obstinación del monarca Luis-Felipe que salió triunfante de varias insurrecciones populares, a lo largo de su reinado (1830-1848), de su ministro Guizot, negándose a toda reforma, y la grave crisis económica, provocan el descontento general. Estalla la Revolución de 1848, cae la monarquía, se instaura la república el 25 de febrero de 1848 y se publica en Londres, en abril de 1848, el Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

¿Y ahora? El proceso de acumulación capitalista per fas, y sobre todo “per nefas”, nos ha llevado a una de las tantas bancarrotas capitalistas. La lucha de clases no ha pasado a la historia, como decían los voceros del pensamiento único cuya teoría ha quedado desacreditada por la voracidad ilimitada de una minoría capitalista que acumula dinero y riquezas, en detrimento de la humanidad. Es de rigurosa actualidad.

Las y los trabajadores hemos ido asumiendo muchos de los valores que nos ha ido transmitiendo el capitalismo, porque le convenía a sus intereses económicos y políticos: el apoliticismo, el individualismo, el consumismo, la pérdida de conciencia de clase, la competitividad con las y los demás compañeros de trabajo, la creencia de que existía la posibilidad de subir en la escala social, para resolver nuestros problemas económicos, convirtiéndonos, nosotros/as también, en mujeres y hombres ricos. Y los capitalistas nos convencían, y las y los trabajadores nos dejábamos convencer, mientras ellos especulaban y acumulaban dinero, con nuestro trabajo, nuestro tiempo, nuestro descanso, nuestra salud, nuestros ahorros.

El mundo no puede ser un mundo capitalista, que osan llamar democrático, en el que una minoría adinerada lo decide y lo acumula todo, mientras las y los trabajadores que somos la mayoría, no decidimos nada en lo económico, ni en la gestión de las empresas, ni en la producción, ni en la conservación de nuestros puestos de trabajo. Nos imponen, cuando quieren, precariedad, paro, problemas económicos, recortes de derechos sociales y laborales, incertidumbre ¿y lo aguantamos en silencio? ¿O acaso esperamos que los mismos que crearon la crisis, la arreglen?

Para la izquierda, son tiempos de confrontarse con vigor y energía democráticos al capitalismo, de romper este sistema explotador para empezar a poner los cimientos del socialismo. Son tiempos de claridad política para la motivación militante. Son tiempos de salir a la calle, con nuestra experiencia política, social e ideológica para concienciar, organizar, movilizar, transmitiendo los valores de la izquierda, construyendo con los trabajadores, con los sectores populares, la contestación a los abusos del sistema capitalista.

Pueden esperar disquisiciones sobre lo pasado y lo presente (“No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, así como la causa de tu futuro será tu presente”, decía el poeta Pablo Neruda), pueden esperar tediosas tareas internas, consignas que se interpretan de distintas maneras, procesos por arriba.

Tenemos que construir el presente, partiendo de lo que tenemos para llegar a una sociedad igualitaria. Es un trabajo que debemos desarrollar con empeño, explicando, comprometiéndonos con la sociedad, resistiendo frustraciones, actuando, reflexionando sobre nuestras actuaciones para planificar nuevas acciones.

No se trata de buscar puntualmente “réditos” electorales (término comercial que también hemos ido asumiendo), en condiciones de total desigualdad con las fuerzas del sistema. Se trata de ir trabajando, pegados a la sociedad, logrando apoyos sociales a nuestro proyecto, respaldos sociales al programa que vayamos desarrollando con las y los trabajadores, en la sociedad, se trata de hacer crecer nuestra organización, nuestro proyecto con el pueblo (palabra olvidada), de ir ganando la hegemonía social.

¿Es difícil? Sí, pero nunca ha sido fácil y siempre lo hemos hecho. ¿Por qué no ahora?

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sábado, 13 de junio de 2009

Pedro Francisco, de la Asociación en Defensa de los Hipotecados de Málaga, exige soluciones para los hipotecados en Paro

La recién nacida Asociación en Defensa de los Hipotecados realiza hoy viernes 12 de junio a las 12 horas su primera demostración pública con una concentración frente a la sede del Banco Santander en Málaga (Armengual de la Mota). “Es sólo el inicio, vamos a realizar más movilizaciones en prácticamente todos los bancos”, asegura Pedro Francisco Sánchez, uno de los vocales de esta plataforma y miembro de la Agrupación “Julián Grimau” del PCA y de la Asamblea de IULV-CA de la Carretera de Cádiz.

Con 31 años, reside en la barriada de Maqueda, está casado, sin hijos, hipotecado y en paro. Se considera “un privilegiado” dentro de un grupo de ciudadanos mayormente jóvenes. “Nosotros no nos negamos a pagar la hipoteca, sabemos que hemos contraído unas obligaciones y queremos cumplirlas, lo que pasa es que no podemos. Especialmente familias en paro con 500 euros de subsidio para pasar el mes si encima les obligas a pagar las letras ¿con qué comen? Pero vemos que los bancos no están por la labor”, explica.
¿Cuándo firmó la hipoteca? ¿Por cuánto? ¿Y la cuota mensual?
El año pasado, en julio por 190.000 euros aproximadamente y en aquel momento eran 650 euros al mes.
¿Tenía trabajo entonces?
Sí, tenía un contrato indefinido. Estaba en la misma empresa desde hacía cuatro años, era comercial de embutidos ibéricos. Mi mujer también estaba trabajando.
¿O sea, contaban con dos sueldos?
Sí, llevábamos cuatro años juntos, teníamos proyectado casarnos y necesitábamos nuestra propia vivienda. Estuvimos mirando en Málaga durante bastante tiempo, pero las condiciones eran mucho peores y los precios más caros en la ciudad. Entonces salimos del núcleo urbano y nos fuimos a Maqueda para buscar algo a nuestro alcance. Hay mucha gente que piensa que nos hemos hipotecado por encima de nuestras posibilidades. Ni mucho menos. No hemos comprado chalés ni adosados con piscina.
¿Cómo es su casa?
Tiene 65 metros cuadrados, una pequeña terraza y garaje.
¿El problema para usted llega cuando se queda sin trabajo?
En enero de este año me quedo en el paro. Mi mujer todavía conserva su puesto. Yo dentro de lo malo soy un privilegiado dentro de la asociación porque mientras me dure la prestación, en principio por unos meses, con dificultades, podemos seguir pagando pero en la asociación hay casos bastante dramáticos, de gente que lo está pasando muy mal.
¿Por ejemplo…?
Hay gente que tiene dos o tres hijos, llevan 8 o 9 años pagando sus cuotas y actualmente que están en paro con un subsidio de 400 o 500 euros reciben llamadas diarias de los bancos diciendo que si no hacen frente a las letras de la hipoteca les van a echar a la calle. Hay padres y madres que han puesto de aval su casa ya pagada para que los hijos puedan comprar otra casa y ahora con el hijo en paro sin poder pagar las letras de la hipoteca, el banco dice que una vivienda no es suficiente y que también tienen que poner en subasta la casa de los padres. Es decir, que pierden las dos casas.
¿Por qué cree usted que es necesaria esta asociación?
Porque aparece en el momento adecuado y es necesario aunar las fuerzas y los intereses de los más débiles. Hay que crear el ambiente necesario para que desde el Gobierno se dé un respiro a la gente que no podemos hacer frente a la hipoteca. Todos vemos cuál es la situación económica actual. Visos de una solución rápida no hay y los bancos van sin ningún tipo de escrúpulos, a embargar, a por todas. ¿Qué peor cosa hay cuando están en paro que te llame el banco todos los días para decirte que si no pagas te vas ir a la calle con tu familia? Para cualquier persona que esté en una situación complicada esto le mata, hablamos de familias con hijos, de personas mayores, hablamos de auténticos dramas.
¿Qué es lo que pide la asociación realmente, una moratoria en el pago de las letras?
La asociación intenta por encima de todo que por parte del Gobierno se busquen soluciones. Los que estemos desempleados y no podamos hacer frente a las cuotas de las hipotecas pues que se nos exima del pago durante ese tiempo. Nosotros no nos negamos a pagar la hipoteca, sabemos que hemos contraído unas obligaciones y queremos cumplirlas, lo que pasa es que no podemos. Especialmente familias en paro con 500 euros de subsidio para pasar el mes si encima les obligas a pagar las letras ¿con qué comen? Pero vemos que los bancos no están por la labor.
¿Usted ha intentado negociar con su banco?
Sí, igual que otros y te dicen que está bajando el euribor, que cuando toque la revisión ya se verá. De la ley esa que sacó el Gobierno de reducir la cuota al 50% durante un año cuando se lo comentas al banco poco menos que se ríen de ti porque no están obligados. Dicen que no, que como mucho te amplían la cantidad de tiempo de pago en dos, tres, cuatro años. Y poco más. No recibimos soluciones por parte de los bancos.
¿Por qué la protesta de hoy se realiza frente al Banco Santander?
Lo hemos decidido en la asamblea porque es uno de los bancos más fuertes y de los que más hipoteca ha dado. Es sólo el inicio, vamos a realizar más movilizaciones en prácticamente todos los bancos. Ha salido la noticia de que el Gobierno está planteando otros 9.000 millones de euros para los bancos, lo que nos preguntamos es quién ayuda a los pobres, los parados, la gente que está perdiendo sus casas.
¿Cómo están siendo los primeros pasos de la asociación?
Recibimos entre 20 y 30 llamadas diarias de personas que se interesan por nuestra actividad y muchos de ellos se apuntan o se derivan a los abogados de Ausmin (Asociación de Usuarios del Mercado Inmobiliario) y Ausbanc (Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios) para que les ayuden en su renegociación de hipotecas.
(Un reciente INFORME realizado por el Área de Juventud de la Diputación de Málaga indica que en 1.900 hogares de jóvenes de la provincia todos los miembros activos están desempleados, y hay otros 6.287 hogares donde sólo un miembro de la pareja es laboralmente activo, lo que implica mayor vulnerabilidad en caso de pérdida de empleo. Así, el 10% de los suscriptores de hipotecas menores de 35 años (7.553) considera muy probable no poder hacer frente al pago de las cuotas en los próximos meses).

Aquellos que quieran contactar con la Asociación en Defensa de los Hipotecados puede escribir a defensahipotecados@hotmail.com

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lunes, 25 de mayo de 2009

A VUELTAS CON LA ECONOMIA SUMERGIDA, de Daniel Lacalle

Publicamos el artículo elaborado por el sociólogo Daniel Lacalle para la revista "Noticias obreras", que trata sobre la economía sumergida y su papel en la crisis.


“Hablar de la economía sumergida es referirse a uno de los sectores más débiles y empobrecidos del mundo del trabajo, Pero también a una situación que afecta de forma muy negativa al conjunto del mundo obrero”. “La economía sumergida “goza de buena salud” porque encaja perfectamente en ese dominio social de la lógica del mercado (lo mismo ocurre con otras formas de precarización y degradación del trabajo)”. Comisión Permanente de la HOAC, “Trabajadoras y trabajadores de la economía sumergida” (HOAC, Madrid, 2001).

En una entrevista televisiva el Secretario General de CCOO exponía sus temores de que el impulso dado a la contratación a tiempo parcial, inicialmente planteado por las organizaciones empresariales y plenamente asumido por el gobierno entre sus intentos, hasta ahora sin éxito, de paliar el imparable incremento del paro, no serviría a ese objetivo, ni desde luego contribuiría a distribuir el trabajo, algo en las antípodas del horizonte de los empresarios españoles (1), sino que tendría, de hecho está teniendo, como efecto primordial la ampliación de la economía sumergida; esto estaría ocurriendo a través del ofrecimiento de contratos con jornada parcial pero con el compromiso por parte del trabajador de la jornada completa, como mínimo, con la diferencia no cubierta contractualmente pagada en “negro”, en claro fraude de ley.

La economía sumergida en nuestro país se concentra de forma permanente en una serie de nichos, tanto productivos como geográficos. Entre los primeros destacan los servicios a las personas, y muy especialmente el servicio doméstico, el trabajo a domicilio, tanto en medios rurales como urbanos (el “putting out system” de la protoindustrialización), las industria del calzado, textil, juguetes, la agricultura intensiva (principalmente la llamada “del plástico”), la construcción, el transporte por carretera, el teletrabajo, los servicios a las empresas, sean de baja o nula cualificación (limpieza, seguridad y otras) como de muy alta cualificación (asesorías, consultoras, traducciones y similares), el pequeño comercio y el comercio callejero y ambulante.

En cuanto a la distribución geográfica, algunas actividades se extienden por todo el territorio nacional (el servicio doméstico, la construcción, el transporte, los servicios a las empresas y a las personas) mientras que otras se concentran en determinadas Autonomías, provincias, comarcas, destacando la Comunidad Valenciana, la Región de Murcia, determinadas provincias andaluzas, Canarias, por dar algunos ejemplos. Es de destacar que la concentración geográfica y en determinadas ramas productivas se mantiene a lo largo del tiempo, es decir, en cada época en que el interés por la economía sumergida reaparece, épocas en que se multiplican los análisis y debates sobre la misma, aunque nunca llegue a convertirse en cuestión mediática, surgen una y otra vez las mismas regiones y comarcas, las mismas ramas productivas.

El colectivo de trabajadores más proclives a caer dentro de la economía sumergida es el de los inmigrantes económicos, particularmente a partir de su explosión dentro de la población activa a mediados de los 1990; entre ellos destacan los llamados ilegales o “sin papeles” que oscilan desde hace más de 10 años entre medio y un millón de personas y para los cuales el trabajo irregular es la única salida. A su vez existe una elevada incidencia entre las mujeres, los jóvenes y los mayores de 45 años expulsados del trabajo regular.

La correlación entre trabajo sumergido, paro y, más en general, precariedad laboral es universalmente reconocida, asimismo lo es la que se da entre la irregularidad y las fases bajas del ciclo económico, y más agudamente en las crisis y recesiones; de hecho, el trabajo sumergido es el trabajo precario llevado a su máxima expresión.

El peso real de la economía sumergida en la actividad productiva y en el mercado laboral, dadas sus peculiaridades (estar fuera de todo tipo de estadística, control y regulación oficial) es imposible de medir, se parte siempre de estimaciones y medidas indirectas más o menos fiables y más o menos discutibles y discutidas. En España, desde mediados de los 1980 al menos, se mantiene entre el 10% y el 25% de la economía regular en las diferentes estimaciones, y sistemáticamente está situada por encima de todos los países de la UE-15. En la actualidad, principios del 2009, está cifrada en el 23% del PIB y unos 10 puntos por encima de los países europeos de nuestro entorno; esto puede suponer un 20% de la PA, aunque desde luego una parte de esos activos combinan trabajo regular e irregular, o bien por propia elección para incrementar unos ingresos claramente insuficientes, o bien por imposición, y en interés, de los empresarios; es decir, en términos de equivalentes de empleo, la economía sumergida estaría compuesta por entre 4-4’5 millones de puestos de trabajo, en su inmensa mayoría fuertemente degradados (2).

El interés de autoridades públicas y analistas por la economía sumergida (3), por ese 15-25% del PIB, va por rachas y suele estar muy influido por cuestiones estrictamente funcionales, de manera muy especial por la evolución del paro y los intentos por mejorar la recaudación y evitar o disminuir el fraude fiscal. Este interés se muestra como un Guadiana, que aparece y desaparece (finales de los 80, mediados de los 90, comienzos del siglo XXI, ahora, con la crisis económica) y ello a pesar de que, como ya se ha indicado, aparezca o no aparezca en los medios de comunicación, se estudie o se ignore, la economía sumergida existe, posee una magnitud sustancial y se autoperpetúa (4). Además va surgiendo en sectores y ramas de vanguardia, ligados a las nuevas tecnologías (teletrabajo, servicios avanzados a las empresas y a las personas).

Como se ha dicho, la economía sumergida existe, se autoperpetúa y en momentos de crisis económica como el actual se incrementa. Pero ¿a quién beneficia?

Para los gobiernos de cualquier tipo supone una sangría en evasión fiscal, además de una muestra de su incapacidad e inoperancia, o desgana. Por otro lado es una muestra de su doblez, dada su tendencia a criminalizar al trabajador que se ve empujado a la misma y su insistencia en que es una forma de que el paro registrado y estadístico aparezca magnificado.

Para el conjunto de ciudadanos, independientemente de la corruptela que pueda suponer el impago del IVA o la existencia de pluriempleo parcialmente no declarado, o trabajar cobrando subsidio, que sería lo mismo, supone, vía falta de presupuestos o recortes en servicios sociales debido al fraude fiscal, la pérdida, en cantidad y calidad, de bienestar social y la pérdida de inversiones productivas o de soporte a la producción (infraestructuras, etc.). Un 25% del PIB no es ninguna bagatela.

Para los trabajadores supone bajos salarios, jornadas exhaustivas, total indefensión en el trabajo, condiciones de superexplotación, ausencia de todo tipo de derechos sociales y laborales. Supone la precariedad absoluta, el bordear o estar de lleno en la pobreza y exclusión social.

Para los empresarios supone flexibilidad absoluta del mercado de trabajo, menores costes laborales, control absoluto de todo el proceso de trabajo, sin ninguna regulación, ausencia de presión fiscal, ausencia de cotizaciones y tasas. Es decir, el programa de la CEOE llevado a sus últimas consecuencias.

NOTAS.

(*) En este breve comentario se utiliza el término de economía sumergida para cubrir el conjunto de actividades productivas no declaradas, y por lo tanto no recogidas en las estadísticas oficiales, que se denomina economía irregular, no declarada. No se tienen en cuenta las actividades ilegales y delictivas, tales como trata de blancas, prostitución, narcotráfico, otras actividades criminales.

1.- Hace unos 9-10 años, durante el lanzamiento de la propuesta de jornada de 35 horas, me tocó ir en representación de IU a un debate sobre alternativas económicas con una asociación de empresarios, descubriendo su total desinterés por cualquier medida que no fuera rebajar los impuestos y cotizaciones e incrementar las ayudas y subvenciones.

2.- Esto no quiere decir que sin la economía sumergida emergiese se acabaría el paro; la economía y el trabajo sumergidos se suman a la economía y el trabajo regular, no le sustituyen.

3.- Ese interés se concentra en las instituciones políticas oficiales, básicamente a través de los Consejos Económicos y Sociales, los sindicatos de clase y las instituciones y organizaciones de base de tipo religioso (Cáritas, HOAC), estas últimas, las que menor interés funcional y mayor interés de servicio demuestran.

4.- Con la economía sumergida ocurre algo similar que con los accidentes laborales. Son dos hechos incómodos, de singular magnitud e imposibles de eliminar o reducir a mínimos aceptables con el actual sistema de regulación del sistema de relaciones laborales y de organización de la producción y del trabajo.

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domingo, 19 de abril de 2009

"Crisis del capitalismo", de Enrique Javier Díez Gutiérrez

Por Enrique Javiér Díez Gutiérrez, Profesor de la Universidad de León.

LA CRISIS que sufrimos obedece a la estructura básica del vigente sistema político-económico capitalista y neoliberal. No se trata de la acción depredadora de unos cuantos banqueros y financieros corruptos, o la distorsión del mercado. No es una distorsión del capitalismo contemporáneo sino, al contrario, el medio para que funcione plenamente, la esencia del mismo: la búsqueda del máximo beneficio de unos pocos a costa de la explotación de los trabajadores y las trabajadoras de todo el planeta.

El capitalismo no se puede humanizar porque es, en sí mismo, injusto e inhumano. Este sistema, junto al colonialismo y el imperialismo, ha sido y continúa siendo responsable, como nunca antes en la historia, de la explotación extrema de los seres humanos, de la destrucción, del derroche y de la degradación de los recursos naturales planetarios que son centrales para sustentar la vida y la dignidad humana. La consecuencia de la globalización capitalista ha sido la destrucción de lo colectivo, la apropiación por el mercado y las entidades privadas de las esferas pública y social.

Porque la voracidad del capitalismo no tiene límites. Necesita expandirse continuamente para tener mayores tasas de ganancia. De ahí la huida hacia delante en las inversiones financieras. Pero esto no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. La llamada «burbuja financiera», significa que el volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial, sólo es de unos 44 trillones de dólares. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.

Cuando ésta estalló y los bancos comenzaron a desmoronarse, los neoliberales se quedaron afónicos exigiendo la protección del Estado. Archivaron sus doctrinas de libre comercio y reclamaron la salvación del sistema financiero argumentando que, dado que los bancos y las grandes empresas son las que bombean el dinero requerido por toda la sociedad, debían ser preservadas con fondos públicos de esa sociedad. Desde mediados de 2007 se han venido incrementando las masivas inyecciones de dinero, extraído mágicamente de los impuestos de los contribuyentes, en un intento por evitar el colapso de los más grandes bancos y empresas, principales responsables de la crisis. En un mundo en el que se aseguraba que no hay dinero para las pensiones, para el seguro de desempleo, para la educación, para la sanidad, ahora resulta que sí que hay dinero, que éste fluye por encanto. Hace unos meses, el anterior presidente de EE.UU., Bush, se negó a firmar una ley que ofrecía cobertura médica a nueve millones de niños y niñas pobres por un coste de 4.000 millones de euros. Lo consideró un gasto inútil. Después, para salvar a los banksters («banqueros gánsteres») de Wall Street nada le parecía suficiente.

No existe, ni ha existido nunca, el denominado «libre mercado». Es una falacia que, a base de oírla, repetida una y otra vez por determinados políticos y medios de comunicación, nos la hemos creído ingenuamente. Cuando esos mercados tienen problemas no se les deja que «libremente» los solucionen, como cuando tienen grandes beneficios y entonces, sí que se reparten los dividendos «libremente». Se confirma así una ley del cinismo neoliberal: Privatizados ya los beneficios, en cuanto resultan amenazadas las inversiones financieras, se socializan las pérdidas. Como ya advertía Galbraith, cuando se trata de los empobrecidos, la ayuda y el subsidio del gobierno resultan sumamente sospechosos en cuanto a su necesidad y a la eficacia de su administración a causa de sus efectos adversos sobre la moral y el espíritu de trabajo. Esto no reza, sin embargo, en el caso del apoyo público a quienes gozan de un relativo bienestar. No se considera que perjudique al ciudadano el que se salve de la quiebra a un banco. Los relativamente opulentos pueden soportar los efectos morales adversos de los subsidios y ayudas del gobierno; pero los pobres no.

Parece que la apuesta de los gobiernos del norte es una política de reflotamiento de las instituciones económicas y financieras sin cambiar nada de fondo. De hecho, las medidas gubernamentales europeas y mundiales, con ayudas a la banca y a las grandes empresas, tienen como finalidad primordial impedir el colapso del sistema, no enfrentarse al dominio de los mercados financieros sobre la economía real y poner ésta al servicio de la sociedad. No sólo están confiando el diseño de la política anticrisis a los mismos grupos de interés que nos han conducido a esta situación, con su increíble combinación de codicia y dogmatismo económico, sino que, de hecho, esas inyecciones financieras permiten que la gran banca siga haciendo sus negocios de alto riesgo sabiendo que el dinero público estará siempre disponible para su salvación.

En definitiva, cualquier medida se ha convertido en un callejón sin salida en el marco del capitalismo neoliberal. Porque no sólo se está cuestionando la legitimidad del paradigma neoliberal, sino el propio futuro del capitalismo en sí mismo. Por ello, no se trata de refundar el capitalismo, sino de construir el socialismo democrático del siglo XXI que dé a la ciudadanía control real y efectivo sobre los recursos del planeta y sobre las decisiones que afectan a sus vidas.

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lunes, 30 de marzo de 2009

Ramón Górriz (CC.OO.): "Si la salida a la crisis es reducir derechos habrá huelga general"

Publicamos la entrevista a Ramón Gorriz, Secretario de Acción Sindical de CCOO, realizada por Eduardo Sánchez Iglesias para Mundo Obrero. Aragonés, trabajador de la GM de Zaragoza, militante de CCOO desde la década de los setenta y veterano militante marxista, Ramón Górriz es en la actualidad el Secretario de Acción Sindical. Vinculado a la Federación Minerometalúrgica de CCOO desde sus inicios como sindicalista, es el encargo de llevar el sindicalismo de clase a los sectores más vulnerables de nuestra economía. Militante de Izquierda Unida desde su fundación y colaborador habitual de Mundo Obrero, es miembro del Consejo Político Federal de IU desde su IX Asamblea.


Se aprecia un claro desplazamiento del riesgo y la responsabilidad de los que han provocado y gestionado la crisis hacia los trabajadores, a través de los despedidos y la defensa de políticas de ajuste social. ¿Frente a ello, qué estrategia va a desarrollar CCOO?.

Existe una clara continuidad histórica de la postura de la patronal a lo largo de la historia reciente. Para la derecha económica, en momento de crisis el problema está en el mercado de trabajo, por lo que sólo cabe una respuesta: mayor flexibilidad. CCOO rechaza de plano esta postura de la patronal, y se opondrá a toda postura que defienda una supuesta salida a la crisis vinculándola a la pérdida de derechos laborales. El problema económico y laboral en España hay que buscarlo en su propia estructura económica, para lo cual CCOO defiende a corto plazo una salida a la crisis que pase por tres prioridades: defensa del empleo, aumento de la protección social y cambio de modelo productivo. Para ello es necesario llegar a un Pacto de Estado por el Empleo.

Este cambio de modelo económico que defendemos pasa en primer lugar por la puesta en práctica de una nueva política fiscal, que recupere su progresividad, con el objetivo de aumentar los recursos necesarios para la puesta en práctica de un plan de choque industrial, el desarrollo de una política científica y tecnológica avanzada, la puesta en práctica de la Ley de dependencia y el fortalecimiento de la FP y de toda la enseñanza pública. Un cambio de modelo productivo por tanto, que sitúe al sector público como eje central.

Sin embargo la crisis no es tanto un tema moral del empresariado como una cuestión estructural. Vivimos en un modelo económico que requiere de bajos costes salariales para su expansión. Un Pacto de Estado como el que propone CCOO parece difícil.


Es evidente que la crisis no es consecuencia de que tengamos malos empresarios. El problema estructural que señalas se relaciona con la propuesta de cambio de modelo productivo a la que he hecho referencia. La crisis no se va a superar si no cambiamos el modelo de crecimiento que tiene España. Con ese objetivo CCOO propone un Pacto de Estado, en el que sectores concretos del empresariado pueden estar también de acuerdo. Dentro de la patronal hay visiones diferentes y CCOO trabaja en el diálogo social con el objetivo de que las posturas más conservadoras y antisociales queden aisladas.

El pasado fin de semana Felipe González instaba a “sacar la grúas” como forma de superar la crisis. Mientras Zapatero centra su política económica en el desarrollo de un ambicioso plan de infraestructuras. Todo apunta a qué también en el gobierno no se cuestiona el modelo económico actual.¿Cómo aborda CCOO esta realidad?.

El Gobierno actúa de manera improvisada y algo contradictoria. Por una lado Zapatero anuncia que el Gobierno va a mantener las prestaciones y no va realizar reforma laboral alguna, declaraciones que desde CCOO valoramos de manera positiva. Por el otro, el pasado 6 de mayo, aprueba por su cuenta una serie de medidas en contra del criterio de los sindicatos. Medidas que se basan en recetas ya fracasadas como el uso de las bonificaciones a los empresarios y la apuesta por el contrato a tiempo parcial, en un país, que como España, cuanta con una estructura productiva que puede emplear dicho contrato para sustentar la economía sumergida y provocar situaciones de discriminación y desigualdad entre trabajadores.

Después de las medidas aprobadas el pasado 6 de mayo por el Gobierno. ¿En qué situación se encuentra el Diálogo social?.


Se pueden apreciar tres posturas. La defendida por CCOO de llegar a un Pacto por el Empleo que dure toda legislatura; una especie de defensa por parte de la CEOE de un “programa máximo”; y por último, una actitud del Gobierno muy mediatizada por el miedo de perder las próximas Elecciones europeas y por tanto, tendente a dar una impresión de “Gobierno que toma decisiones”. En ese marco es en el que entendemos las medidas aprobadas el pasado 6 de mayo.

Parece claro que sí se apuesta por una profundización del modelo, tarde o temprano, es inevitable que el Gobierno sea partidario de aprobar medidas flexibilizadoras del mercado laboral. Con esa perspectiva, ¿consideras acertado el descartar una huelga general?.


La huelga general es una herramienta de los trabajadores y de CCOO, por tanto nunca se descarta. Las huelgas generales se convocan frente a una agresión a los derechos de los trabajadores o en defensa de un plan social o económico concreto. CCOO va a continuar en el diálogo social defendiendo una política en defensa del empleo, de aumento de la protección social y de cambio de modelo productivo. De momento es ahí donde vamos a trabajar. Pero si lo que se propone es una política de recortes laborales y pérdida de derechos como salida a la crisis, CCOO no descartará entonces la huelga general como respuesta.

Parece por tanto que se establece un dialéctica de cambio-continuidad que va unida a otra de diálogo-movilización. Has hablado de cómo CCOO enfoca su trabajo en el diálogo social. Pero ¿qué lugar ocupan las movilizaciones en este periodo?.


CCOO junto a UGT está llevando a cabo diferentes movilizaciones en todo el Estado, manifestaciones que no deben tomarse de manera aislada o testimonial sino que forman parte de un trabajo sostenido y bien planificado. La respuesta a las mismas está siendo muy importante. Manifestaciones como la de Zaragoza o la de Barcelona del pasado 14 de marzo así lo dejan claro. En Madrid está convocada una manifestación para el día 19 de abril, así como una respuesta europea el 14 de mayo en Madrid convocada por la CES. Las movilizaciones son centrales para evitar cualquier medida de recorte de derechos de los trabajadores en momentos, que como el actual, algunos quieren aprovechar para continuar con las mismas políticas que nos han llevado al desastre actual.

Por tanto hablas de una táctica de acumulación de fuerzas, ¿bajo qué objetivo inmediato?.

La de imponer una salida negociada a la crisis por medio de un pacto de legislatura, lo que denominamos un Pacto por el Empleo, que además de defender el empleo y el aumento de la protección social, suponga un cambio de modelo productivo y de política fiscal. Para ello CCOO trabaja en la sensibilización social, en la movilización y en las mesas de diálogo.

Sin embargo es claro que existe un bloque de poder, que entiende que los problemas de la crisis se encuentra en el mercado laboral, y que vincula políticas de abaratamiento de costes laborales a creación de empleo.


Si la salida es reducir derechos, habrá huelga general.

En estos momentos también se encuentra en discusión los Acuerdos Interconfederales de Negociación Colectiva (ANC). con la patronal. ¿En qué situación se está?.

CCOO defiende que la capacidad adquisitiva de los trabajadores no se vea afectada por la crisis. La crisis ha hecho que se pierda masa salarial, por lo que rechacemos la postura de la patronal de una subida salarial de 0 a 1%. Estamos ante una crisis de demanda, lo que convierte a la moderación salarial como una medida pro-cíclica. Desde la patronal se argumenta que la crisis plantea una excepcionalidad no prevista en los ANC firmados. La única excepcionalidad han sido los grandes beneficios empresariales de 2006-2008. CCOO no va a permitir que la crisis sea la excusa que utilice la patronal para imponer una política de recortes laborales.

Haces más referencia como política de la CEOE los recortes laborales que la moderación salarial. ¿Por qué?.

Para la patronal el ANC es una especie de florero. Su verdadero objetivo es imponer en el Diálogo social una política basada en tres medidas: bajada de las cotizaciones sociales en un 3%; que el control del absentismo laboral pase a las mutuas; y por último, la flexibilización de la contratación (el llamado contrato de crisis) y la legalización de las empresas privadas de colocación. Es posible que ceda en el ANC pero sólo a cambio de imponer estas medidas. Frente a ello CCOO defiende una subida salarial del 2% con el objetivo de reforzar la capacidad adquisitiva de los trabajadores, junto a un aumento de la protección social y la defensa de un cambio de modelo productivo.

Has mencionado la convocatoria de la CES. ¿Qué valor le da CCOO a articular una respuesta internacional a la crisis?.

El próximo 14 de mayo confluirán en Madrid el sindicalismo de clase del Sur de Europa, al igual que en otras ciudades tendrán lugar movilizaciones similares el mismo día. CCOO entiende que discursos de “nacionalismo” económico no son más que formas que intentan imponer políticas anti-obreras haciendo uso del nacionalismo político, del racismo y la xenofobia. En momentos como el actual, si no damos una respuesta social y de izquierdas a nivel europeo, lo que habrá será un reforzamiento de los nacionalismos, y por tanto, de políticas contraria a los intereses de los trabajadores.

CCOO da mucha importancia a la cuestión fiscal. ¿Qué política defiende CCOO al respecto?.

CCOO se opone a cualquier política económica basada en bajar impuestos y rebajar las cotizaciones sociales de los empresarios. Ahora en momentos de crisis el Estado no tiene recursos para afrontar las consecuencias sociales y económicas de la situación actual, y la política de bonificaciones a bajada de cotizaciones puede poner en riesgo la propia Seguridad Social. Al principio de la legislatura era evidente que la situación económica iba a empeorar, y sin embargo se suprimió el Impuesto de Patrimonio, medidas como la de los “400 €”, el “cheque bebé”, etc. Es necesario abandonar la fiscalidad liberal y el monetarismo para regresar a la progresividad y la suficiencia de nuestro modelo fiscal.

Pero este nuevo modelo fiscal tiene que ir aparejado a una nuevo sistema financiero en España. ¿Cuál es la alternativa de CCOO de cara al sector financiero?.

Más intervención pública a través del incremento y puesta en práctica efectiva de condiciones de seguimiento y la entrada en los Consejos de Administración de la banca privada. En segundo lugar, y respecto las Cajas de Ahorro, CCOO es favorable a las fusiones pero vinculándola a una reforma de la Ley de Cajas y la defender del carácter social de la mismas. Por último, CCOO es favorable de la aplicación de cláusulas sociales en lo relacionado con el Fondo de Inversión Local.

Antes hablabas de la necesidad de acumular fuerzas para una salida social a la crisis. Pero para ello es fundamental fortalecer y extender el sindicalismo de clase en aquellos sectores sociales y económicos donde predomina la precariedad laboral, la falta de derechos y la ausencia del sindicato. ¿Cómo trabaja CCOO estos sectores?.


En el IX Congreso aprobamos un Plan de Acción Sindical para los próximos cuatro años. Nuestro objetivo es llevar el contenido de este plan al mismo diálogo social. En lo concreto, podemos decir que el contenido del Plan de Acción se puede resumir en cuatro puntos: reforzar la acción sindical y la negociación colectiva; tomar como referencia en nuestra política organizativa a las secciones sindicales y las federaciones; y dos puntos más relacionados con cambios estructurales, al defender un nuevo modelo fiscal y la defensa de una alternativa económica. Esos son los elementos centrales de nuestra propuesta.

Si nos centramos más en el modelo organizativo, nosotros apostamos por reforzar las secciones sindicales. El delegado de CCOO tiene que hacer lo que se decida en su sección sindical El comité de empresa no dirige ni organiza; la sección sindical sí. Si no se cae en el corporativismo.

Para finalizar. El pasado 6 de marzo se realizó el primer encuentro entre las direcciones de CCOO y de Izquierda Unida. ¿Cómo se valoraran desde CCOO las relaciones entre ambas organizaciones?.


Desde CCOO respetamos la autonomía respecto a las estrategias de otras organizaciones. En las cosas que coincidimos intentamos profundizar; en las que discrepamos seguimos debatiendo. Pero esta autonomía de CCOO no quiere decir equidistancia. Para Comisiones Obreras, Izquierda Unida forma parte del mismo cuerpo social en el que se encuentra CCOO, el de aquellos que plantean la necesidad del cambio de la sociedad. En este sentido, valoramos como muy positiva la recuperación por parte de IU, del discurso de la centralidad del mundo del trabajo en su última asamblea.

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miércoles, 11 de marzo de 2009

Crisis y depresión del capitalismo

Publicamos este artículo de Enrique Javier Díez Gutiérrez, Profesor de la Universidad de León y militante del PCE León e IU San Andrés del Rabanedo titulado "Crisis y depresión del capitalismo".

Crisis y depresión del capitalismo
Enrique Javier Díez Gutiérrez.
Profesor de la Universidad de León
PCE León e IU San Andrés del Rabanedo


La crisis que sufrimos obedece a la estructura básica del vigente sistema político-económico capitalista y neoliberal. No se trata de la acción depredadora de unos cuantos banqueros y financieros corruptos, o la distorsión del mercado. No responde a la falta de trasparencia, desregulación y descontrol de la economía financiera. Como si hubiera un "buen" capitalismo productivo y un "mal" capitalismo financiero, un parásito, una excrecencia, que bastaría con eliminar o "regular" para volver a un funcionamiento "normal" del capitalismo. Estos “males”, estas excrecencias, no son una distorsión del capitalismo contemporáneo sino, al contrario, el medio para que funcione plenamente, la esencia del mismo: la búsqueda del máximo beneficio de unos pocos a costa de la explotación de los trabajadores y las trabajadoras de todo el planeta.

Esta crisis, por lo tanto, afecta a los fundamentos mismos del capitalismo: el desplome de Wall Street es comparable a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. La exclusiva propiedad de los medios de producción en manos de unos pocos, el voraz afán de lucro, la especulación sin freno, que caracterizan esencialmente a este modelo, que rigen nuestras vidas y relaciones laborales, es lo que provoca la crisis que hoy vivimos. Recuérdese la afirmación del inversor multimillonario y primera fortuna del mundo Warren Buffet: "existe, y es un hecho, una guerra de clases; sólo que es una clase, la clase de los ricos, la que dirige el baile; y esta guerra la estamos ganando" (New York Times del 26-XI-06).

Los medios de comunicación, comprometidos con los grandes intereses económicos que controlan el planeta, tratan de hacer creer que se trata de degeneraciones de algunos sectores especialmente especuladores, exageradas bonificaciones de los directivos, excepciones y no expresiones de la actividad bancaria imperante. Nos hablan de la crisis económica como si sólo hubiese fallado una parte del sistema económico, de que los responsables son sólo unos desaprensivos y avariciosos que han actuado por la falta de control financiero. La clase política, subordinada a los intereses de las grandes corporaciones, proclaman que se tiene que refundar el capitalismo, predican que hay que hacerlo más humano para que esto no vuelva a suceder. Sería indecente que esos mismos gobiernos, igualmente responsables del gran desastre actual, “refundasen” un sistema económico para preservar sus privilegios. En realidad, vivimos una grave crisis estructural del sistema capitalista y, más aún, una verdadera crisis de la civilización, que puede poner en riesgo la supervivencia de la humanidad. Detrás de esta crisis se perfila, a su vez, la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo de la economía real, tal y como lo venimos conociendo, así como el del consumo en los países enriquecidos que le va emparejado, se ha vuelto una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y del planeta (Amin, 2008). Por eso el capitalismo no se puede humanizar porque es, en sí mismo, injusto e inhumano.

Este sistema, junto al colonialismo y el imperialismo, ha sido y continúa siendo responsable, como nunca antes en la historia, de la explotación extrema de los seres humanos, de la destrucción, del derroche y de la degradación de los recursos naturales planetarios que son centrales para sustentar la vida y la dignidad humana. La dictadura de elites dominantes que han venido controlando y concentrando la riqueza y los recursos del mundo son responsables del actual nivel de degradación de los ecosistemas y del deterioro global, de las profundas diferencias en las condiciones de vida de miles de millones de seres humanos; y también somos responsables en parte los demás ciudadanos y ciudadanas del mundo, que no hicimos lo suficiente para evitarlo. La consecuencia de la globalización ha sido la destrucción de los colectivo, la apropiación por el mercado y las entidades privadas de las esferas pública y social.

Con la última etapa de la globalización neoliberal, hemos presenciado un periodo de la historia en el que se ha dado la más grande transferencia de riqueza de los pobres a los ricos, en todas las naciones, y desde los países pobres del Sur al Norte del planeta. Estos subsidios masivos de los pobres a los ricos del mundo no han sido suficientes para compensar los grandes desequilibrios producidos por la guerra fría, la especulación y el derroche improductivo de las elites dominantes y de las grandes potencias -en primer lugar, sus gastos militares.

A partir de los años ochenta, con el neoliberalismo, el sector productivo tendió a crecer cada vez menos; el sector financiero especulativo se volvió dominante y se convirtió en el centro de la actual crisis económica, financiera, política, social, militar y cultural. A la vez estamos próximos al agotamiento de recursos energéticos y vitales cada vez más escasos, como el petróleo, el agua o los recursos minerales. Por otro lado, se produce una competencia entre biocombustibles y alimentos por el uso de la tierra, lo que encarece la producción de los últimos. Está claro que se trata de una crisis estructural y no solamente coyuntural, pero, además, de una crisis de la civilización que exige un replanteamiento de parámetros al que la lógica del capitalismo no puede responder.

El sistema capitalista actual está dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son grupos que actúan en la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc. Su característica principal es su financiarización, es decir, estos oligopolios no producen beneficios, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio bajo la apariencia de inversiones financieras (Amin, 2008). El sector financiero ha llegado a representar más de 250 billones de euros, es decir, seis veces el conjunto de la riqueza mundial. Con eso conviene comprender que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de beneficios ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras.

Los fondos de inversiones han arrasado. Invirtieron más de 220.000 millones sólo en el curso del primer semestre de 2007, haciéndose así con el control de 8.000 empresas en Estados Unidos. Ya un asalariado estadounidense de cada cuatro, y un asalariado francés de cada doce, trabaja para estos mastodontes. No hay quien se les resista. El principio es simple: un club de inversores compra empresas a las que inmediatamente después administra de manera privada, lejos de la Bolsa y sus normas coactivas, sin tener que rendir cuentas a accionistas puntillosos. Adquieren una empresa que vale 100; el fondo pone 30 de su bolsillo y pide prestados a los bancos 70, aprovechando tipos de interés muy bajos. Durante tres o cuatro años “reorganiza” la empresa, reduciendo el empleo, comprimiendo los salarios, aumentando los ritmos y deslocalizando; capta toda o parte de las ganancias para pagar los intereses…, de su propia deuda. Después de lo cual, revende la empresa a 200, por lo general a otro fondo que hará lo mismo. Una vez devueltos los 70 en préstamo, le quedan 130 en el bolsillo, por una puesta inicial de 30, es decir, más del 300% de tasa de retorno sobre inversiones en cuatro años (Ramonet, 2008).

La voracidad del capitalismo no tiene límites. Necesita expandirse continuamente para tener mayores tasas de ganancia. De ahí la huida hacia delante en las inversiones financieras. Pero esto no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. La llamada "burbuja financiera", significa que el volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial, sólo es de unos 44 trillones de dólares. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.

Cuando ésta estalló y los bancos comenzaron a desmoronarse, los neoliberales se quedaron afónicos exigiendo la protección del Estado. Archivaron sus doctrinas de libre comercio y reclamaron la salvación del sistema financiero argumentando que, dado que los bancos y las grandes empresas son las que bombean el dinero requerido por toda la sociedad, debían ser preservadas con fondos públicos de esa sociedad (Katz, 2009). Desde mediados de 2007 se han venido incrementando las masivas inyecciones de dinero, extraído mágicamente de los impuestos de los contribuyentes, en un intento por evitar el colapso de los más grandes bancos y empresas, principales responsables de la crisis. En un mundo en el que se aseguraba que no hay dinero para las pensiones, para el seguro de desempleo, para la educación, para la sanidad, ahora resulta que sí que hay dinero, que éste fluye por encanto. Hace unos meses, el anterior presidente de EEUU, Bush, se negó a firmar una ley que ofrecía cobertura médica a nueve millones de niños y niñas pobres por un coste de 4.000 millones de euros. Lo consideró un gasto inútil. Después, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parecía suficiente. En otras palabras: dinero público para bancos privados que lo prestarán a interés, entre otros, a los demás bancos privados… Se ofrece a los inversores potenciales que le presten dinero al Estado (mediante interés) para que el Estado lo devuelva a los bancos. ¡El Capital se ha quedado con los ahorros, y ese dinero se presta al Estado para reflotar al Capital! El capital siempre gana.

Porque realmente no existe, ni ha existido nunca, el denominado “libre mercado”. Es una falacia que, a base de oírla, repetida una y otra vez por determinados políticos y medios de comunicación, nos la hemos creído ingenuamente. Cuando “los mercados” tienen problemas no se les deja que “libremente” los solucionen, como cuando tienen grandes beneficios y entonces, sí que se reparten los dividendos “libremente”. Se confirma así una ley del cinismo neoliberal: Privatizados ya los beneficios, en cuanto resultan amenazadas las inversiones financieras, se socializan las pérdidas. Cuando se produce una crisis en los “mercados” (eufemismo para designar a las grandes corporaciones multinacionales) aparecen las instituciones públicas que, con nuestros impuestos, inyectan enormes sumas de dinero para mantener su liquidez y los políticos más señalados y los dirigentes de esas instituciones hacen declaraciones públicas para calmar y serenar la crisis. ¿Por qué no salen cuando hay despidos masivos por parte de esos mercados? ¿Por qué no utilizan nuestros impuestos para solucionar los problemas que nos causan a los trabajadores y trabajadoras esos mercados que se “deslocalizan” a países donde las condiciones laborales son todavía más degradantes e infrahumanas? Como ya advertía Kenneth Galbraith (1992) “cuando se trata de los empobrecidos, la ayuda y el subsidio del gobierno resultan sumamente sospechosos en cuanto a su necesidad y a la eficacia de su administración a causa de sus efectos adversos sobre la moral y el espíritu de trabajo. Esto no reza, sin embargo, en el caso del apoyo público a quienes gozan de un relativo bienestar. No se considera que perjudique al ciudadano el que se salve de la quiebra a un banco. Los relativamente opulentos pueden soportar los efectos morales adversos de los subsidios y ayudas del gobierno; pero los pobres no”.

La supuesta devoción por el laissez faire, por el dogma del “libre mercado”, esa religión fanática predicada por los neoliberales, desaparece cuando los intereses de los beneficiarios de la globalización se hallan en peligro. Las operaciones de rescate han llegado a niveles inimaginables que se miden por millones de millones de dólares (trillones), muchísimo más de lo que han costado, desde 2001, las invasiones de Afganistán y de Irak. Las autoridades acuden al rescate de los “banksters” (“banqueros gánsteres”): es el socialismo para los ricos y el capitalismo salvaje para los pobres. Tales intervenciones monetarias agregan más volatilidad al sistema e incrementan la incertidumbre, profundizando aún más la crisis. Esto implica que en el futuro tales emisiones de dinero tratarán de ser respaldadas con una mayor transferencia de riqueza real desde los países empobrecidos, desde las clases trabajadoras y medias de los países del norte, por la vía de diferentes mecanismos, incluyendo la amenaza o la imposición militar para sostener el poder económico de la elite de los países ricos y, en particular, de Estados Unidos.

Son esas mismas corporaciones, que exultaban la ideología neoliberal exigiendo la liberalización y la imposición de estrictas limitaciones a la intervención pública, en caso de despidos laborales o derechos sindicales, las que ahora quieren, reclaman y esperan de los gobiernos “asistencia social” en forma de rescates financieros, rebajas fiscales y subvenciones, encauzando hacia ellas el dinero de los impuestos de la ciudadanía. Por eso más que hablar de “rescate de bancos o del sistema”, habría que calificarlo de "botín de piratería': fruto del abordaje y del saqueo consentido de las arcas públicas por parte del gran capital.

Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real, ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una crisis de la economía real: regresión de los ingresos de los trabajadores y las trabajadoras (especialmente los sectores más vulnerables: mujeres, jóvenes, migrantes), aumento del paro laboral (a finales del 2009 se espera llegar al record histórico de 120 millones de personas paradas), alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur (Amin, 2008).
Esta crisis económica y financiera se acompaña, además, de una crisis ecológica. Los recursos naturales no son suficientes para atender el actual estilo occidental de vida; actualmente el 20% de la población mundial, concentrada en el Norte, consume el 80% de los recursos naturales. El flujo permanente y la transferencia de los recursos del Sur al Norte ha supuesto, en definitiva, que el Sur ha venido financiado el desarrollo y el progreso del Norte. El saqueo ecológico y el calentamiento global, consecuencias de la sobreexplotación de los recursos naturales, que son el bien común de la humanidad, -en particular, de los recursos fósiles- afecta a todas las regiones del mundo y se siente más intensamente en las zonas más deprimidas y, dentro de ellas, en los sectores más empobrecidos. En tan solo trescientos años de revolución industrial hemos destruido lo que la naturaleza tardó millones de años en construir. Las mayores reservas de recursos naturales se encuentran en el Sur y son ferozmente disputadas por los países dominantes, lo que ha venido generando guerras que tienden a ampliarse a otras regiones del planeta.

Simultáneamente los precios de los productos alimenticios básicos siguen en alza. Desde marzo de 2007 hasta mayo de 2008, el valor de los productos lácteos subió un 80%, el de la soja un 87%, y el trigo, un 130%. El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola estima que por cada aumento de un 1% del coste de los alimentos de base, 16 millones de personas se ven sumergidas en la inseguridad alimentaria. Esta situación se ve agravada debido a que una parte de la producción alimentaria (caña de azúcar, girasol, colza, trigo, remolacha) se está destinando ahora a la producción de agrocarburantes, más rentables para la gran agroindustria de la exportación que destinarlos a alimentos para los seres humanos.

Esta triple crisis, financiera, energética, alimentaria, se ve proyectada hacia una crisis social que ve resurgir políticas autoritarias, visiones fatalistas, xenofobia y racismo. El huracán económico se ha llevado por delante una cuarta parte de la riqueza mundial y, como consecuencia, está provocando, en casi todo el planeta, el cierre de fábricas, la explosión del desempleo, una escalada proteccionista y la radicalización de las protestas sociales. Causa de pobreza, de angustia y de exclusión, la lepra del desempleo se extiende. En EEUU, en China, en la Unión Europea, en Latinoamérica… En Sudamérica, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2009, se registrará un aumento de 2,4 millones de desempleados. Si bien los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay), así como Venezuela, Bolivia y Ecuador, podrían capear el temporal, al no haber adoptado el modelo de desregulación ultraliberal y adoptar mecanismos como la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y el Banco del Sur. Y no olvidemos que fueron los partidos socialdemócratas y socialistas europeos los que consolidaron la eliminación de cualquier salvaguardia que podía quedar frente a la ola ultraliberal de la derecha.

La brutal explosión del desempleo provoca naturalmente el retorno del nacionalismo económico, lo cual, a su vez, está provocando brotes de xenofobia. En Reino Unido, miles de obreros del sector de la energía, gritando la consigna "Empleos británicos para trabajadores británicos", se declararon en huelga contra la contratación de trabajadores portugueses e italianos en las obras de la refinería Total de Lindsey (Lincolnshire), mientras que miles de polacos eran "invitados" a regresar a su tierra natal. En Italia se está expulsando sin miramientos a los rumanos. Y en todas partes se cuestiona el derecho de residencia de los inmigrantes legalmente establecidos. En numerosos países, grandes empresarios o banqueros que reclaman a gritos -y obtienen del Estado- ayudas millonarias, se aprovechan de la crisis para despedir a mansalva y reducir costes. Una actitud que, en el actual contexto de crecimiento descontrolado del desempleo, enfurece. Por eso se multiplican las protestas sociales. Las turbulencias ya han causado la caída de los Gobiernos de Bélgica, Islandia y Letonia. La protesta en las calles por las dificultades económicas se ha extendido a un número creciente de países –Grecia, Rusia, Gran Bretaña, Francia, China, Corea del Sur, Guadalupe, Reunión, Madagascar, México– y probablemente en muchos más que no se notan aún en la prensa mundial.

Los gobiernos tratan de lidiar con estas protestas a través de dos opciones: mediante métodos abiertamente represivos de control y sometimiento sobre la propia población y los manifestantes que protestan ("balas para los jóvenes, dinero para los bancos" gritaban en las calles de Grecia) o métodos más sutiles de presión y sometimiento para apaciguarlos. Por eso los aparatos estatales han convertido la guerra en el instrumento de galvanización de la voluntad de masas en tiempo de crisis (véase la invasión de Irak por Bush), que al mismo tiempo sirve para que los grandes negocios y corporaciones nacionales se puedan apropiar de los recursos naturales y, en particular, los energéticos, como en Irak y en Afganistán. Además la hegemonía militar ha estado fundida con la hegemonía financiera: quien quiera endeudarse hasta las cejas tiene que integrarse, con todas sus consecuencias, en la coalición militar correcta. Pero las balas no siempre funcionan.
De ahí que hayan recurrido a tácticas de apaciguamiento mediante el uso de tres elementos claves: la “seducción”, el miedo y la beneficencia.
¿Cómo se pudo crear un orden en el que la clase trabajadora gaste sin pedir subidas salariales y los multimillonarios no sean impugnados ni tan siquiera por la clase perdedora? Mediante la seducción del consumo hipotecado y el vertiginoso juego de la bolsa. Las hipotecas y la bolsa se convirtieron en los apaciguadores definitivos de la lucha de clases. La privatización de los seguros sociales y de las pensiones obligó a cada vez más trabajadores y trabajadoras a capitalizar sus ahorros en bolsa quedando así encadenados a su juego. Sus ahorros fueron captados por grandes inversionistas que prometían multiplicar su dinero sin tener que mover un dedo. ¿Quién se iba a resistir, quién no iba a desplazar la racionalidad por la apuesta y el irracionalismo consumista cuando la abundancia parecía brotar de una lámpara maravillosa?

En este clima de consumo sostenido se necesitaba otro eje de sujeción y sometimiento: la hipoteca, el crédito. Todo el sistema de consumo está basado en el crédito (Arriola, 2009). El miedo a no poder poder pagar la hipoteca, a no poder devolver el crédito recibido, se ha convertido en el miedo a ser despedido, a quedarse en el paro. Se está empujando a la gente a sentirse profundamente insegura y atemorizada. Las grandes empresas usan este miedo como arma de sumisión. Esta instrumentalización del miedo, provoca no sólo que cualquier acto de protesta en el trabajo se vea sofocado en breve por el miedo a la pérdida del mismo, sino que la población esté más que dispuesta a escuchar las recetas de esas empresas que “crean” puestos de trabajo –despido libre y gratuito, rebaja de sus impuestos, recorte de prestaciones por desempleo, pacificación sindical, que nada parece que tengan que ver con la innovación o la calidad, la cultura organizativa, la excelencia de las que tanto habla el discurso de empresa en sus manuales (Lacalle, 2009)- y que los propios sindicatos claudiquen a pactos sociales encaminados a “flexibilizar el mercado”. El fundamento último de todo este orden económico es la violencia estructural del paro, de la precariedad y de la amenaza del despido (Bourdieu, 2008).
En este contexto no es de extrañar que el tercer elemento de apaciguamiento no suponga ningún escándalo. Desde las instituciones y los medios de comunicación se aboga como salida a la crisis por la beneficencia, reinstaurando los comedores sociales y las donaciones a organizaciones religiosas y de voluntarios, mientras se destinan miles de millones a “salvar” a los bancos y grandes empresas. Pero los miles de millones de dólares, de los impuestos que pagamos los ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo, que están siendo entregados generosamente a los bancos y las grandes firmas comerciales sin ninguna restricción, no llegan a las familias que no pueden pagar la hipoteca de la casa o la tarjeta de crédito, que pierden el empleo y están teniendo que formar largas colas para que les den la "sopa de los pobres". En el país más rico del mundo, uno de los grandes bancos rescatados, el Goldman Sachs, ha declarado en su informe que en este año fiscal pagó apenas el 1% de impuestos. Mientras tanto, se le ha respaldado con dinero de la ciudadanía que paga entre el 22% y el 40% de impuestos. En definitiva, asistimos a más de lo mismo, lo de siempre. La denominada “crisis financiera” ahonda la brecha de separación entre dos mundos radicalmente divididos: el mundo de los ricos y el mundo de los pobres, separados pero unidos para que el mundo de los pobres continúe financiando el mundo de los ricos. Beneficencia real para los ricos, migajas para los pobres.

La respuesta rápida y masiva de los países ricos para salvar el capitalismo contrasta con su tardanza en responder a la crisis irresuelta de la pobreza y la marginación que aflige a la mayoría de los pueblos del mundo. En unas semanas, los líderes de los Estados ricos han comprometido cantidades astronómicas de fondos públicos para rescatar instituciones financieras privadas. En cambio generan sumas ridículas para cancelar la injusta deuda externa de los países empobrecidos, quienes han tenido que ejecutar políticas desastrosas impuestas por el FMI. Para ellos, que haya 900 millones de hambrientos no tiene nada que ver con el sistema económico global que lo controlan unas cientos de multinacionales, o que el origen de las guerras sea el saqueo de las riquezas de los pueblos. Se da la circunstancia de que salvar la crisis de los bancos está costando 20 veces más que lo necesario para cumplir los Objetivos del Milenio. Parece pues que la crisis financiera que han provocado los ricos, con su especulación sin límites, la vamos a pagar los pobres.

Las clases dominantes están haciendo todo lo que pueden para proyectar los efectos de la crisis sobre los asalariados y asalariadas y sobre la mayoría de la población: despidos, congelación de salarios y de los presupuestos sociales, ruina de las personas jubiladas debido a las pérdidas registradas por los fondos de pensiones. Porque, eso sí, las ganancias de los ricos que nadie las toque. En épocas de las mayores ganancias multimillonarias para las empresas nuestros sueldos siguen siendo bajos, sigue existiendo precariedad, accidentes laborales, destrucción de empleo y subcontratación de servicios para abaratar costes. Mientras, quienes exhibían unos beneficios de 20.000 millones de euros en 2007 y unas ganancias de 10.000 millones de euros en 2008, ahora piden ayuda pública. Francisco González, presidente del banco BBVA de España, percibió el año pasado 8,74 millones entre salario e incentivos. Por su parte, el consejero delegado del BBVA, José Ignacio Goirigolzarri, cobró un salario total de 4,28 millones de euros el año pasado. A esta cantidad también hay que sumar los 2,87 millones de euros percibidos por el consejero delegado del BBVA en concepto de incentivo, lo que significa que la retribución total de Goirigolzarri contando sueldo e incentivos ascendió a 7,15 millones de euros el año pasado. Los 14 miembros del Consejo de Administración del BBVA percibieron en 2008 un salario agregado de 16,19 millones de euros, un 10,51% más que los 14,65 millones de 2007. Además del sueldo, los 14 consejeros tenían acumulados 133,75 millones de euros en compromisos por fondos y planes de pensiones, casi todo a favor de los tres consejeros ejecutivos, ya que Francisco González cuenta con un plan de pensiones por valor de 72,54 millones; el consejero delegado, José Ignacio Goirigolzarri, cuenta con otro plan valorado en 52,49 millones y el consejero secretario general, José Maldonado, por 8,7 millones. El presidente de Iberdrola cobró más de 16 millones en 2007. Los sueldos de directivos de agencias de crédito hipotecario estadounidenses como Fannie Mae y Freddie Mac ha sido del orden de 70 millones de dólares al año para cada uno. Peter Erskine se embolsó más de 30 millones de Telefónica, incluyendo una paga por quedarse y otra por marcharse, en 2007. Se les paga por cerrar una compra o por hacer bien una venta, por los buenos resultados del año y por los del trienio, por trabajar y por no trabajar (para la competencia). Es simplemente es-can-da-lo-so.

Pero no sólo las retribuciones de los responsables ejecutivos de las grandes empresas alcanzan esta polarización, sino que los beneficios empresariales han aumentado un 33,2% durante el periodo 1999-2006. Mientras, el desempleo ha aumentado, los salarios como porcentaje de la renta nacional han descendido (independientemente de la evolución del ciclo económico), las condiciones de trabajo se han deteriorado y los niveles de protección social (la tasa de crecimiento del gasto público por habitante) se han reducido (Navarro, 2008).

Por eso, hay que empezar a dejar de hablar de campañas de “pobreza 0” y organizar medidas y estrategias efectivas hacia la “riqueza 0”. Cualquier intento de “refundar el capitalismo” se hará bajo la misma lógica de enriquecimiento de una minoría. El capitalismo no es reformable, humanizable o regulable. Las medidas gubernamentales europeas y mundiales, con ayudas a la banca y a las grandes empresas, tienen como finalidad primordial impedir el colapso del sistema, no enfrentarse al dominio de los mercados financieros sobre la economía real y seguir poniendo ésta al servicio de la sociedad. De hecho, estas inyecciones financieras siguen permitiendo que la gran banca siga haciendo sus negocios de alto riesgo sabiendo que el dinero público estará siempre disponible para su salvación (Hernández Vigueras, 2009). Porque los gobiernos le tienen pánico a la posibilidad de que el derrumbe de un banco, por efecto dominó, sea capaz de hundir el sistema. De ahí que esos planes gubernamentales no han intentado siquiera una reglamentación estricta como contrapartida de la ayuda pública que se les da, ni la eliminación de los paraísos fiscales (a pesar de las declaraciones públicas), donde tienen filiales todos los bancos rescatados de alguna manera con dinero público. La existencia de esta “competencia” sirve de argumento para justificar la bajada de impuestos sobre el capital o sobre los beneficios de las sociedades. El peso de la fiscalidad se hace recaer en los impuestos indirectos, los más injustos al pagar todos lo mismo, trayendo como consecuencia la pauperización de los presupuestos públicos, la subfinanciación de los servicios públicos, que a su vez justifica su privatización, etc. (Cassen, 2008). Cualquier medida se ha convertido en un callejón sin salida en el marco del capitalismo neoliberal. Porque no sólo se está cuestinando la legitimidad del paradigma neoliberal, sino el propio futuro del capitalismo en sí mismo. Por ello, no se trata de refundar el capitalismo, sino de construir el socialismo democrático del siglo XXI que dé a la ciudadanía control real y efectivo sobre los recursos del planeta y sobre las decisiones que afectan a sus vidas.

No se trata sólo de afirmar que, lo que hace muy poco parecía una utopía de jóvenes radicales, hoy día es una exigencia elemental para que la economía mundial siga funcionando: acabar con los paraísos fiscales, con la desregulación financiera, con la libertad de movimientos de capital, con la desfiscalización y la renuncia al Estado y que, por el contrario, es necesario establecer impuestos sobre los capitales especulativos (tasa Tobin), crear bancos públicos que garanticen la financiación y someter a los privados a una severa política de reservas y coeficientes de inversión es el único punto de partida eficaz para resolver la crisis. Si realmente se quiere salir de esta crisis global es necesario dar un paso más allá. Se trata de avanzar en el control de la economía por parte de la clase trabajadora, ampliar los derechos sociales y laborales de los trabajadores y trabajadoras y mejorar el bienestar de la mayoría de la población.

La alternativa a esta crisis supone una teoría y una práctica postcapitalista, es decir, formas nuevas de reorganización social, sobre la base de un socialismo democrático del nuevo siglo, que articulen de forma seria los contenidos de conceptos tales como democracia, libertad, equidad, justicia, seguridad común, paz, ciudadanía real, etc., con el uso sostenible de los recursos naturales y su apropiación social; la predominancia del valor de uso -es decir, las respuestas a las necesidades de la gente- sobre el valor de cambio, -o sea, la necesidad de acumulación de dinero-, es decir, un modelo en el que el beneficio privado esté subordinado al interés social; la democracia generalizada a todas las relaciones sociales, políticas, económicas, culturales, de género; y la multiculturalidad, de modo que se permita a todas las culturas, saberes y filosofías dar su aporte propio a la reconstrucción social de una nueva sociedad en equilibrio entre sí, con el medio ambiente y con las capacidades del planeta.

Ese modelo debe suponer la mejora de los servicios sociales y el reforzamiento del sector público (de enseñanza, sanitario, asistencial etc.). La sostenibilidad medioambiental (incentivar la creación de actividades y empresas sostenibles, y no de todo tipo de empresas independientemente de su impacto). Un cambio de estrategia energética que apueste por energías limpias y garantice el control público sobre los suministros de energía, incluida la nacionalización y una apuesta decidida por las energías renovables. Un sistema agrario que garantice la soberanía alimentaria y la viabilidad de las empresas agrarias familiares. Un enfoque diferente del habitat, del urbanismo y del sistema de transportes de viajeros y mercancías, un cambio radical del enfoque de la vivienda residencial hasta llegar al predominio de la vivienda pública en régimen de alquiler adaptado a la renta. La creación de un sistema financiero público basado en las necesidades de la gente y la consolidación de formas populares y la consolidación de formas populares, que ya existe, de préstamos basados en la reciprocidad y la solidaridad que apliquen criterios sociales (incluyendo las condiciones laborales) y ambientales en todos los préstamos y den prioridad a los préstamos, con tipos de interés mínimos, para cubrir necesidades sociales y ambientales y para ampliar la ya creciente economía social; la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía, el control público y social de la economía y los medios de producción; la intervención de los trabajadores en la organización del trabajo; aplicar rigurosos sistemas fiscales progresivos y un sistema tributario global para evitar la transferencia de precios y la evasión de impuestos; el control del excedente económico y una reforma del mercado laboral que establezca una jornada laboral de 35 horas semanales por ley, sin reducción de salario y la jubilación a los 60 años, para repartir el trabajo entre todos y todas y hacer posible la conciliación laboral y familiar.

Un modelo que suponga tal reestructuración social que obligue en los países enriquecidos a un decrecimiento económico que sea socialmente sostenible (frente a los modelos de desarrollo sostenible): reducción radical del consumo; sólo aquello que se considere necesario y producido según principios ecológicos (Martínez Aller, 2009). Eliminación del gasto militar mundial. Junto con el cambio en las relaciones internacionales de explotación, imponiendo impuestos en origen sobre la extracción de recursos naturales, para financiar modelos de sociedad ecológicamente sostenibles. Un modelo que relocalice la política: todo lo que se pueda decidir a nivel municipal que no se decida en niveles superiores y sólo aquello que afecte a todo el país se decida en ese nivel. Comenzando por la práctica de los presupuestos participativos en los municipios.

Un modelo que establezca legislaciones, y mecanismos de control efectivos que realmente garanticen la igualdad laboral, política e integral de las mujeres, así como la presencia equilibrada de sexos en las listas electorales y en los puestos directivos. A igual trabajo, igual salario. Que recuperación de la titularidad y de la gestión pública de todos los servicios públicos privatizados, especialmente aquellos que tienen que ver con los cuidados de la población dependiente. Un modelo que establezca iguales derechos y deberes para quienes viven y trabajan en cualquier país. Que garantice el derecho al aborto libre y garantizado de manera universal y gratuita desde la red pública sanitaria.

Un modelo que apueste por una vivienda provista preferentemente por el Estado en régimen de propiedad pública y bajo fórmulas de alquiler, cortando así de raíz espirales especulativas. Un modelo que asigne una “renta básica” incondicional a toda la ciudadanía y personas residentes en una zona geográfica, de una cantidad similar al umbral de la pobreza, de cara no sólo a erradicar la pobreza sino a tener una protección efectiva ante la pérdida del puesto de trabajo (Raventós, 2009). Un modelo que no sólo fije un salario mínimo decente donde no lo haya, sino también un salario máximo. Un modelo que erradique la eliminación de impuestos directos que favorece principalmente a las rentas altas, e introduzca una fiscalidad progresiva vía impuestos directos que graven de forma proporcional según los ingresos y beneficios (haciendo pagar más a quién más tiene) y la vuelta al impuesto sobre sucesiones.

Un modelo que elimine los paraísos fiscales, que ponga tasas a las transacciones financieras de capital y que restablezca las restricciones a la libre circulación de capitales. Un modelo, en definitiva, que contemple el reconocimiento de los derechos sociales básicos como derechos subjetivos y exigibles.

La democracia es incompatible con el capitalismo. El capital internacional, las grandes multinacionales y, por extensión, los gobiernos neoliberales, reaccionarios, y los socialdemócratas, siempre temerosos, han secuestrado la política, la capacidad libre de decidir sobre lo esencial a los ciudadanos y ciudadanas. Por eso esta crisis se ve acentuada, a su vez, por una crisis política de deslegitimación de la función de los Estados puestos al servicio del capital. Se cuestiona la función de los gobiernos, de partidos políticos y de la construcción de espacios y procesos democráticos reales, al estar dominados por su sometimiento a los grandes intereses corporativos. De ahí que también y simultáneamente es urgente y necesario refundar la democracia sobre unas bases sólidas y no fundamentada en el secuestro por parte del mundo de las finanzas.

Los que no nos resignamos a pagar con nuestras vidas las facturas de otros, creemos que la salida alternativa a la crisis capitalista pasa por la creación de un movimiento social capaz de imaginar y crear las bases de un auténtico Socialismo democrático del Siglo XXI que refunde la economía y la sociedad sobre bases más justas, más sociales, más igualitarias y más democráticas.

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